Banesto Amistades peligrosas

Si algo tiene en común la mayor parte de los principales implicados en el «caso Banesto» es que mantenían una relación de amistad con Mario Conde que se remonta a épocas anteriores a la llegada de éste a Banesto.

El principal colaborador de Mario Conde fue Arturo Romaní, vicepresidente de Banesto en el momento de la intervención había conocido a Conde en la década de los 70, en el cuerpo de abogados del Estado. Fue director general del Patrimonio del Estado y subsecretario de Justicia y de Hacienda hasta que en 1982 abandonó la Administración y entró como consejero en Antibióticos. Su futuro quedó ligado al de Mario Conde, del que se ha desligado en prisión. Cumple condena en Soto del Real.

También tuvo Fernando Garro una destacada carrera en la Administración, ocupando relevantes cargos en los ministerios de Transportes y de Agricultura, desde donde dio el salto a la empresa privada como director general de Antibióticos. Mario Conde fue en esa época su consejero delegado. En 1987, Conde le nombró director general de Medio de Banesto y tres años más tarde fue nombrado consejero. También cumple condena en Soto del Real.

No es el caso, sin embargo, de Rafael Pérez Escolar, hombre vinculado a Banesto desde mucho antes que Conde y uno de los «históricos» del Banco que se puso del lado de Conde en su pulso contra las «familias». Pérez Escolar había conocido a Conde a través de Abelló y fue uno de sus más estrechos colaboradores. En 1988 fue nombrado presidente de las sociedades de cartera de Banesto, las «isas» y en abril de 1989 entró en el consejo de Banesto.

ABC 28 de diciembre de 2003

 

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