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Es muy natural
tratar a todos nuestros clientes de una manera similar… como si todos fuesen iguales…
Este es un error importante porque entre nuestros clientes tenemos “ángeles”
y “demonios”. Tenemos clientes “ángeles” que nos permiten márgenes altos, con
costes comerciales relativamente bajos, con grandes consumos… y sin embargo
tenemos clientes “demonios” que compran poco, nos generan muchos problemas,
negocian hasta el último euro…
Lo habitual es que aunque tengamos “demonios” con los que se pierda dinero,
los “ángeles” nos compensen y al final nuestra cuenta de resultados sea
positiva… pero ¿qué pasaría si convirtiésemos todos los “demonios” en
“ángeles”? ¿Cuál sería el impacto en la cuenta de resultados?
Aunque obviamente la contestación a esta pregunta depende de cada caso en
particular, el impacto es muy importante pudiendo conseguir muchos puntos de
mejora en la cuenta de resultados sólo replanteando la estrategia de clientes
de la compañía. En un caso práctico de uno de nuestros clientes, encontramos
estos datos:
|
Número clientes
|
% sobre total
facturación
|
% Contribución
beneficios
|
|
2
|
19,04%
|
49,42%
|
|
10
|
20,31%
|
37,12%
|
|
80
|
41,38%
|
17,2%
|
|
83
|
11,29%
|
5,83%
|
|
301
|
7,85%
|
-9,2%
|
En los que claramente observamos como la mayor contribución a los beneficios de
la compañía (y en gran parte de la facturación) viene dada por 12 clientes
(aproximadamente un 3,5% del número total de clientes) mientras que 301
clientes de menor facturación nos hacen perder rentabilidad (un 9,2%).
¿Parece lógico que dediquemos los mismos recursos a los 12 clientes que
representan casi un 40% de la facturación que los 384 que representan un 19%?
Si pensamos en la estructura de una compañía – y lo veremos más claro si
tenemos un sistema de costes basados en actividad- hay muchos procesos y
subprocesos que son independientes del tamaño del pedido o cliente por lo que
serán muy rentables para grandes pedidos/clientes y muy poco en caso
contrario. Ejemplos de estos subprocesos son desde una visita comercial,
algunos costes de logística interna o los costes de administración de ventas.
Si estamos de acuerdo en que casi todos los elementos de nuestras
organizaciones – desde el desarrollo de producto hasta el precio, pasando por
la distribución o el posicionamiento competitivo - dependen en mayor o menor
medida de nuestros clientes y del nivel en el que consigamos cubrir sus
expectativas… Entonces ¿por qué no hacer más esfuerzos en conocer y segmentar
nuestros clientes?
Claramente, muchas veces es complicado gestionar clientes como individuales y
más en casos que se tengan más de 10.000 clientes – en especial en casos de
ventas al por menor- y por tanto aparece el concepto de segmentación. La
segmentación consiste en la agrupación de clientes basada en sus necesidades
o características que condicionan su compra. La segmentación puede ser muy
sencilla basada en elementos como la facturación, la zona geográfica o el
canal de distribución o puede ser más o menos compleja basada en el
comportamiento del cliente. Es habitual hacer segmentaciones tan sencillas
como la que muestra la siguiente tabla:
|
Tipo cliente
|
Rango de facturación
potencial
|
|
A
|
> 100.000 €
|
|
B
|
> 30.000 € y < 100.000 €
|
|
C
|
> 6.000 € y < 30.000 €
|
|
D
|
< 6.000 €
|
Pero este perfil de segmentación –aunque es un buen inicio- es ineficaz en un
entorno tan complejo como el actual. Por ejemplo, en un cliente del sector
químico, definimos un modelo de segmentación basada en necesidades de
clientes similar a la siguiente:
· Buscadores de conveniencia, es decir, compradores que compran a distintos
proveedores y cuya principal preocupación es el servicio.
· Mercenarios del precio, es decir, compradores cuya mayor motivación de
compra es el precio. Pueden ser clientes importantes y con alta frecuencia de
compra aunque tiene altas tasas de pérdidas debido a la entrada de algún
competidor por mejor precio. Es un cliente especialmente interesante para
organizaciones con estrategias de diferenciación en costes.
· Compradores de marca (brand buyers), es decir, compradores donde la marca
es un inductor principal de compra.
· Calidad indispensable, es decir, compradores donde la calidad es su
parámetro básico.
· Buscadores de relaciones, es decir, clientes que buscan tener pocos proveedores
y con un nivel alto de relación y fidelidad. Este perfil de cliente
normalmente tiene un alto coste de adquisición pero también se tiene una baja
tasa de pérdida.
Aunque el modelo de segmentación anteriormente definido puede servir como un
modelo para comenzar, se deben identificar los segmentos específicos de cada
caso particular. Para validar un modelo de segmentación se deben tener
siempre en cuenta otros parámetros como rentabilidad de cliente, satisfacción
del cliente, frecuencia de compra, tamaño medio de pedido, etc. y se puede
cruzar con algún sistema de valoración (scoring) de clientes como por ejemplo
RFM (Recency Frequency Monetary) y similares.
Siguiendo con el concepto de rentabilidad, un elemento tan importante como la
sensibilidad al precio y por tanto la rentabilidad está relacionado
directamente con el segmento (este caso es de un caso particular por lo que
su extrapolación no siempre será directa):
|
Perfil
|
Buscadores de
conveniencia
|
Mercenarios del
precio
|
Compradores de
marcas
|
Calidad
indispensable
|
Buscadores de
relaciones
|
|
Sensibilidad al precio
|
Media/Alta
|
Alta
|
Baja
|
Baja
|
Media
|
Además, la segmentación nos sirve para otros elementos como el marketing directo
personalizado, la asignación de recursos, la gestión de relaciones con los
clientes, la proposición de valor para el cliente, etc.
Como conclusión, todos entre nuestros clientes tenemos muchos “ángeles” pero
también algunos “demonios” por lo que tener una metodología implantada
apropiada para identificarlos y gestionarlos adecuadamente ayudará en gran
manera a la rentabilidad de la compañía.
Fuente : http://winred.com/main.php?mid=0020030100101941&accion=30
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