Disney: adiós a la
inocencia
La OPA hostil que Comcast ha lanzado contra Disney ha
conmocionado el país, porque es algo más que una operación financiera. Supone
el fin de una época, la que ha estado representada por una iconografía
particular entre las familias de Estados Unidos, la cara lúdica y tierna del
capitalismo norteamericano del siglo XX
Es “una especie de Vaticano con orejas” dice Dick Foglesong, autor de “Casada
con un ratón”
Disney tiene su propio gobierno y hasta la fecha el único control ha sido el de
la opinión pública
Andy
Robinson - 15/02/2004
Orlando
Aunque las recepcionistas en Disney World siguen deseando “un día mágico” a
cualquier forastero que llame, la magia de Disney ya no es lo que era en
Orlando (Florida). Un millón de turistas por semana y una explosión demográfica
sólo superada por Las Vegas ya había generado atascos permanentes en las
freeways y una economía de sueldos bajos para inmigrantes como Javier Cruz,
que, disfrazado del perro Pluto el miércoles murió atropellado en uno de los
parques.
Pero en los últimos años, hasta el turismo ha fallado y el siniestro
“hinterland” en el entorno de Disneyworld se degrada cada día más. Un “strip
mall” de moteles de bajo coste, restaurantes de fast food y atracciones de poca
monta se extiende en un perímetro de 15 kilómetros desde el parque hacia la ciudad
de Orlando y exhibe las hondas cicatrices de la recesión post 11-S.
La “Mansión Encantada” se hunde y tiene tapiadas las ventanas medievales. Wild
Bill's, el simulacro temático del Oeste Salvaje, ha sido demolido, un auténtico
drama para los nostálgicos de la épica americana. Machacados por el bajón
económico y el nuevo hotel Pop Century de Disney con 5.000 nuevas habitaciones
a 50 dólares la noche, los moteles se pelean entre sí con precios ya tan bajos
como 24 dólares la noche, que hace tres años - dice un motelero- eran 60.
A diez minutos en coche de la carretera, en el ordenado pueblo “retro” de
Celebration, hasta se quejan muchos de los 20.000 residentes que se sintieron
tan identificados con el Ratón Micky hace 8 años como para ofrecerse como
conejillos de indias en la creación de una nueva comunidad inventada por los
“imagineers” del grupo Disney.
En este especie de Pleasantsville - “un lugar que te lleva a los tiempos de la
inocencia”, según el lema de Disney - hay un mosqueo generalizado con Disney
que acaba de vender el centro del pueblo a una inmobiliaria neoyorquina. “Aquí
somos todos forofos de Disney, por eso vinimos, pero no debieron hacer promesas
que no pueden cumplir”, dice Alex Morton uno de los vecinos pioneros de
Celebration.
Pero si Orlando ya hace tiempo perdió la inocencia en su relación con Disney,
la extraordinaria noticia que ha sacudido Wall Street esta semana de que la empresa de cable Comcast
ha lanzado una OPA hostil por 50.000 millones de dólares contra Disney ha caído
como una bomba.
A fin de cuentas, Disney creó la iconografía de Estados Unidos, la cara lúdica
del capitalismo norteamericano del siglo XX. Comcast, en cambio, se dedica a
cavar zanjas y tender cables de alta velocidad. “Tuvimos una especie de fe ciega
en Disney, creíamos en su calidad .. ahora hay mucha preocupación por lo que
puede pasar no tanto en Celebration -que seremos mejores sin Disney- sino en
todo esta área de Florida”, dice Michael Band , otro residente de Celebration.
Band habla de su experiencia propia y sobre el terreno, pero probablemente
sienten igual millones de estadounidenses: “Hay un numero colosal de pequeños
“stakeholders” en Disney que se preocupan con pasión por la “magia” de la
compañía y van a armar un lío”, dice Andrew Ross, profesor de estudios
americanos e de la Universidad de Nueva York y ex residente de Celebration.
Y si la sonrisa eterna y buenos modales de Celebration ya parecían lejos de la
sede de Disney en Los Ángeles, donde su controvertido presidente Michael Eisner
se ha peleado con casi todo el mundo en los últimos años en un intento por
recuperar la rentabilidad de Disney, Wall Street queda aún más lejos.
Y es en Wall Street donde la operación de Comcast y quizás otras opas se están
urdiendo en la actualidad. Aunque Eisner ha convocado a analistas esta semana
en Orlando para anunciar muy buenos resultados en el último trimestre, los
beneficios de Disney en 2003 eran 3.174 millones de dólares, un 25% menos que
en el ejercicio de 2001.
Bert Roberts, presidente de Comcast, basará su oferta a los accionistas en su
capacidad para recortar costes y centrar la diversificadísima Disney en lo que
considera su negocio central, es decir contenidos para televisión -mediante su filial
en deportes ESPN con ABC y la Disney Channel- y, por supuesto, cine. La
propuesta de Comcast es la integración vertical de estos contenidos con su red
de televisión por cable, la más grande de EE UU.
Habría también intentos por rehacer la ruptura de Eisner con los diseñadores de
películas de dibujos animados de Pixar, empresa de Steve Jobs. Este plan de
compaginar la red de Comcast y los contenidos de Disney fue calificado como
“perfecto y brillante” por Jessica Reif Cohen, de Merrill Lynch en Nueva York.
Pero no está nada claro donde quedarían los parques temáticos -los buques de
insignia de Disney- en el modelo de negocios de Comcast. Los parques generaron
beneficios de 1.800 millones de dólares en 2003 pero sus ingresos se han
estancado en 6.400 millones de dólares en los dos últimos años tras el golpe
del 11-S, menos que en 2001. Eurodisney en París, por su parte, es una
hemorragia constante. Roberts dijo que mantendría los parques al anunciar la
OPA el miércoles pero sin el grado de entusiasmo que necesitan los disnéifilos.
Y muchos analistas en Wall Street piensan que no tendrían lugar en un grupo
fusionado. “Creo que harán un spin off (venta) de los parques”, dijo Todd
Mitchell de Blaylock & Partners. Otros analistas en Wall Street aunque no
la mayoría, coinciden.
Lo que se dice pronto en Nueva York sin embargo, suena a herejía para millones
de estadounidenses disnéyfilos. Por difícil que resulte comprender, una gran
parte de la América Media cree que Disney representa una especie de bondad
corporativa , una idea sembrada a temprana edad por los Mickeys, Patos Donald o
Plutos que deambulan por los parques, abrazando a los niños pero condenado al
silencio por el estricto código de comportamiento Disney. “Lo que sobrevive de
1955 (año de la creación de Disneyland en Anheim en Los Ángeles) y de Walt
Disney son fundamentalmente cosas buenas” dijo un ex director de los parque
temáticos en el Wall Street Journal.
Los parques -que Walt consideraba una alternativa al descontrolado crecimiento
suburbano de California del Sur- son tierra sagrada en el grupo. Uno de los
parques en Orlando -Epcot- era originariamente una proyecto futurista para una
nueva ciudad, el precursor moderno del posmoderno pueblo de Celebration. Y la
cultura corporativa de Disney perdería su raíz si los parques no existieran.
Un nuevo ejecutivo de Disney, por ejemplo, debe pasar un rito de iniciación que
consiste en disfrazarse de un personaje de los dibujos animados y pasear por el
parque como hacen todos los días sus subalternos a siete dólares la hora. Esto
sirve para tener experiencia directa de lo que significa Disney en la
percepción infantil. Eisner siempre lleva una corbata con imágenes Disney. Roy
Disney -el sobrino de Walt y líder de la rebelión accionista que creó el caldo
de cultivo para la OPA de Comcast- arremete contra Eisner porque habla de
Disney “como si fuera una marca”. Roy Disney, por supuesto, no es un ingenuo.
Pero entiende -al igual que su tío- la paradoja de Disney, que el verdadero
valor de la marca Disney es que la gente piensa que es mucho más que una marca.
Para la gente de Orlando, sin embargo, se juega mucho más que la inocencia en
la OPA de Comcast. En 1966, Walt Disney -tras rechazar Saint Louis porque se
quiso servir alcohol en los parques- anexionó 16.000 hectáreas del interior
norte de Florida, construyó casi 300 kilómetros de carreteras y creó su reino.
Es “una especie de vaticano con orejas”, dice Dick Foglesong, residente de
Orlando y autor de “Married to the Mouse” (Casada con el ratón). Sobre este
suelo, antes pantanos poblados por cocodrilos, Disney levantó su Reino de Magia
y otros parques de fantasía, vigilado por una fuerza privada de policía, y
protegido pro trece parques de bomberos privados, propiedad de Disney con sus
carros color amarillo.
Disney gestiona servicios médicos que utilizan una red subterránea para sacar a
victimas de infartos o agotamiento hasta el hospital en Celebration. Aunque
hasta la fecha no se ha ejercido el contrato firmado con Walt en 1966, Disney
tiene derecho a construir una central nuclear y un aeropuerto en sus tierras de
Orlando. La dependencia económica, es absoluta. Disney emplea a 55.000 personas
en sus parques en Orlando, una ciudad cuya población en 2003 era de 180.000.
Cuando has cedido estos poderes a una compañía sin apenas pasado en operaciones
de fusiones y adquisiciones, con comisiones jugosas a los bancos de Wall
Street, da pavor, dijo Foglesong en una entrevista. “Disney tiene su propio
gobierno en Orlando, estamos casados con ellos y hasta la fecha el único
control ha sido la opinión pública y la percepción de que Disney tiene un alma,
que es la voz de la inocencia. Aunque no sea verdad Disney tiene que proteger
esa imagen”, explica. “Ahora llega un gorila que pesa 800 libras llamado
Comcast y si la OPA prospera tendremos que casarnos con el por defecto”, dice.
La Vanguardia – Dinero – 15 de febrero de 2004