El antídoto a la deslocalización
Barcelona pretende potenciar el ocio y la cultura como eje del
desarrollo económico
Las actividades culturales generan en Catalunya un valor añadido bruto de 1.200 millones de euros.
Piergiorgio M. Sandri - 12/09/2004
Los museos, los conciertos, las bibliotecas, los libros. Pero también, el cine,
el arte o incluso la cocina. Barcelona tiene en sus manos unos recursos de gran
valor económico. No son plantas industriales, pero representan una riqueza
considerable que puede convertirse en el símbolo de un nuevo modelo de
desarrollo.
Éste análisis es el resultado de una reciente conferencia dedicada a los
llamados sectores quinarios, organizada en el ámbito del Pla
Estratègic Metropolità de
Barcelona. Estos sectores son el eje de lo que los expertos definen como
capitalismo cultural o la economía de la cultura. Incluyen un amplio abanico de
actividades culturales que va del sector audiovisual (cine, televisión), la
prensa, la industria de la edición, los artes plásticas o escénicas
(actuaciones musicales o exposiciones).
A diferencia de las industrias tradicionales, estos servicios se integran en el
territorio y resisten a la deslocalizaciones que
tanto han afectado a Catalunya en los últimos tiempos. Según el catedrático de
la Universidad Autónoma de Madrid, José Ramón Lasuén,
“en la actualidad, no tiene sentido intentar proteger a ultranza el empleo en
las manufacturas de baja y media tecnología frente a la competencia asiática.
Lo que si es necesario es potenciar el crecimiento de la
industrias de alta tecnología. Pero para ello es imprescinible
contar con una base de servicios interrelacionada.” Y aquí es donde entran en
juego los sectores quinarios.
La idea es que sobre estos activos es posible construir la economía del futuro
y, en concreto, de las ciudades. “El objetivo es que Barcelona pase a ser de un
centro de producción a un centro de consumo”, afirma Joan Campreciós,
del Pla Estratègic Metropolità.
La apuesta por las actividades culturales se justifica, en primer lugar, porque
estos bienes generan de por sí una cantidad ingente de dinero. “Su valor
añadido está vinculado al proceso creativo y su productividad (considerada como
la renta generada con el producto cultural), respecto a otros sectores de la
economía, es superior”, asegura Campreciós.
Externalidades positivas
Pero además de crear riqueza, las actividades culturales tienen la peculiaridad
de multiplicarla. Tal y como dice el profesor de la Universitat
de Barcelona Ezequiel Baró, “generan externalidades positivas. Esto significa que el conjunto de
la sociedad se beneficia de ellos de una forma indirecta”.
En efecto, por un lado crean un entorno emocional positivo sobre las personas. Lasuén explica que las artes pueden provocar un impacto
favorable sobre la motivación de los individuos que trabajan en la innovación.
Por el otro, al actuar en forma de red, las actividades culturales, cuando
están reconocidas por los demás potencian a los otros sectores y mejoran su
reputación. Por ejemplo, la cocina francesa ha servido para promocionar la
calidad de los vinos o los quesos.
Ahora también España empieza a seguir esta vía. “Si bien no ha utilizado su
Arte como los italianos y los franceses para prestigiar sus otras actividades,
últimamente España ha cambiado muy positivamente su imagen mundial gracias a
unos hechos culturales”, afirma José ramón Lasuén.
Como ejemplo, cita a personajes del calibre de Pedro Almodóvar, Camilo José
Cela, Miguel Indurain, Antoni
Tapiés, Ferrán Adriá, entre otros, sin olvidar el fútbol. “El Madrid y el
Barcelona, y en general la Liga española son la mejor y más barata promoción de
ventas”, añade.
En este sentido, España se encuentra en una buena posición de partida. Baste
pensar que en el caso de los servicios culturales y recreativos, las
exportaciones españolas crecieron a un ritmo del 28,3% anual entre 1986 y 2001,
mucho más que las de los poderosos EE.UU.
Luces y
sombras
En lo que se refiere a Catalunya, hay luces y sombras. Según el Departement de Cultura de la Generalitat, el valor añadido
bruto de los sectores culturales en Catalunya sumaba, en 2001, unos 1.267
millones de euros. Esto correspondería al 1,3% del PIB catalán. Un porcentaje
que tiene margen para subir.
El sector de la edición española, ubicado en su mayoría en Barcelona, ha sido
tradicionalmente uno de los puntos de fuerza de la economía de la cultura del
país, pese a la saturación y la madurez que vive el mercado del libro. Pero su
peso en Catalunya, si bien sigue siendo importante, tiende a bajar. En 1998 la
edición generaba el 34% del valor añadido de las actividades culturales
catalanes. En 2001, era poco más del 31%. En la música, la debilidad en la
producción discográfica persiste, sobre todo si se compara con la vitalidad de
Madrid. En cambio, se registra un cierto dinamismo en las actuaciones en
directo, gracias al posicionamiento de Barcelona en la música de vanguardia.
¿Qué es lo que falta entonces para que estas actividades consoliden su despegue
en Catalunya? Los expertos recuerdan que se necesita capital, apoyo de las
instituciones públicas y, en general, una mayor cultura del riesgo que alimente
estos procesos creativos también del punto de vista empresarial. Sólo de esta
manera se puede alejar al fantasma de la deslocalización
para que se vaya a otros lugares.
El dinamismo cultural
catalán
Eduardo Bautista, presidente de la
SGAE, Sociedad General de los Autores, reconoce que“el sector de las artes, la
cultura y el ocio, es sin duda alguna, uno de los sectores productivos más
dinámicos de la economía española y que representa, según algunas estimaciones,
el 6% del PIB”. Bautista subrayó que respecto a 1992, “la repercusión de estas
actividades sobre la economía española se ha prácticamente duplicado”.
Por comunidades, según el Anuario de la SGAE, Madrid es
dónde se consume más cultura. Pero Catalunya es la comunidad dónde la demanda
de productos y actividades culturales crece más, de acuerdo con los datos de
2003, Cabe decir que la SGAE, a diferencia de la Generalitat,no mide el valor económico de la cultura a través
del valor añadido generado por esos sectores, sino que suma las recaudaciones o
ingresos brutos.
Así, en lo que se refiere a las artes escénicas, en
Catalunya el número de espectadores creció en 2003 un 11,2%, mientras que en
Madrid el número de asistentes se quedó estancado. En particular, en el campo
del teatro, Catalunya fue la comunidad autónoma que registró el mayor
incremento de espectadores del Estado en el año 2003.
El dinamismo de Catalunya es patente también en el sector de
la música clásica. “Pese al retroceso en actividad y espectadores en todo el
Estado español, Catalunya presenta una evolución positiva en todos los
indicadores”, afirma el informe de la SGAE. Mismo discurso para la música
popular. La recaudación en 2003 fue la más alta del conjunto del Estado, unos
29,8 millones de euros respecto a los 20,9 millones de 2002. En el cine,
Catalunya es la comunidad autónoma que posee el mejor parque cinematográfico (y
además el número de salas sigue creciendo) y la que contó, a lo largo de 2003,
con el mayor número de espectadores en las salas cinematográficas.
El ejemplo del “Any del Llibre 2005”
Un ejemplo de estímulo a un sector quinario es el “Any del Llibre i la Lectura” que el Ayuntamiento de Barcelona impulsa para el 2005. La Ciudad Condal destaca por ser una de las capitales internacionales que ha albergado de forma más continuada a lo largo de la historia, y hasta hoy, a todos los sectores del mundo del libro, con cinco siglos de actividad editorial, bibliotecas, librerías, e importante presencia de escritores, traductores, distribuidores... El libro, por tanto, es a la vez un signo de identidad cultural y socioeconómico. Coincidiendo con el “año Quijote” –en cuyas páginas Barcelona ya aparece como ciudad de imprentas– el “Any del Llibre” ofrecerá exposiciones, encuentros culturales, rutas literarias y simposios profesionales que buscan fortalecer este carácter.
La Vanguardia, 12 de Septiembre de 2004