El efecto Peoria: Una ciudad espejo

LA VANGUARDIA - 23/11/2003


Peoria es una ciudad de 112.000 habitantes situada en el nordeste de Estados Unidos. La composición racial de su población, el nivel de ingresos o el tipo de empleo reflejaban con tanta fidelidad lo que sucedía en el resto del país, que Broadway y Hollywood estrenaban aquí sus producciones para chequear la respuesta de los espectadores. También los sociólogos y los políticos recurrieron a este espejo minúsculo capaz de reflejar las tendencias generales de toda la población estadounidense. Hasta el punto de que la expresión “if it plays in Peoria, it will play anywhere” (si funciona en Peoria, funcionará en cualquier parte) hizo fortuna y se convirtió en una frase hecha. Los especialistas electorales catalanes realizaron sondeos en una muestra de 100 mesas buscando precisamente ese “efecto Peoria”. Los de CiU acertaron de pleno, mientras que los del PSC se equivocaron en la elección de tres mesas en Lleida y su encuesta ofreció un pequeño error, que resultó garrafal. Nadie pensó en Viladecavalls.

El efecto Peoria

Viladecavalls refleja con fidelidad el paisaje geográfico y humano de toda Catalunya. No resulta extraño que haya acertado los últimos resultados electorales

Texto Manuel Díaz Prieto
El concejal del PSC comprobó cómo el tripartito era imposible: ERC rechazó todas las ofertas para formarlo
Esquerra se queja de falta de “feeling” con los socialistas, mientras que el PP recuerda el atentado de ETA en el pueblo
Viladecavalls tiene dos núcleos de población: en el Casc Vell arrasa CiU, en tanto que en Can Trias lo hace el PSC
Si las coincidencias continúan, Mas será el próximo presidente de la Generalitat, con CiU gobernando en minoría

LA VANGUARDIA - 23/11/2003
Los resultados de las últimas elecciones autonómicas en Viladecavalls (Vallès Occidental) coinciden casi milimétricamente con los que se han dado en el conjunto de Catalunya. Mucha gente pensará que esto es una casualidad intrascendente, pero hay sitios donde estas cosas se toman muy en serio.

Por ejemplo, en Estados Unidos, donde han comprobado que existe una ciudad próxima a Chicago llamada Peoria que reproduce con tanta fidelidad el perfil sociológico de todo el país que cuando alguien quiere saber si una película tendrá éxito en el resto de los estados, la estrena allí. “Si funciona en Peoria, funciona en cualquier parte”, es ya una frase hecha que forma parte de la cultura popular estadounidense. Y las elecciones no constituyen una excepción.

Así que... ¿podría ser Viladecavalls nuestra Peoria? Si lo fuese, y el paralelismo siguiese funcionando, podríamos saber en estos momentos no sólo quién será el próximo presidente de la Generalitat, sino también la composición del futuro gobierno: CiU gobernará en minoría con Artur Mas como presidente.

Para llegar a esta conclusión no hemos tenido más que fijarnos en la actual composición del gobierno municipal, para cuya formación confluían similares posibilidades matemáticas que las que se abren en estos momentos en las negociaciones para conformar el gobierno de la Generalitat.

Fèlix Farré, el alcalde de CiU, no había oído nunca hablar de Peoria ni se había dadado cuenta de la coincidencia de los resultados de su pueblo con los del resto de la comunidad, pero se toma la situación con humor: “Imagine la cantidad de dinero que podríamos ahorrar: bastaría con hacer las elecciones sólo aquí”. Aunque a medida que desgrana las características de la comunidad que gobierna va dándose cuenta de que los paralelismos no son desdeñables.

Porque Viladecavalls es una pequeña localidad de 6.700 habitantes situada en la parte más alejada de la corona metropolitana y que parece concentrar en su interior todos los rasgos territoriales y humanos que conforman Catalunya. Así, si uno contempla el pueblo desde la carretera que viene de Terrassa, semeja una bucólica localidad de la Garrotxa. Aunque si al llegar al casco antiguo uno se vuelve y mira en dirección contraria, el paisaje, con una de las mayores factorías europeas de Sony en primer término, se torna industrioso hasta parecerse a un pueblo del Baix Llobregat.

Una combinación de la Catalunya profunda y el cinturón barcelonés que parece contener los ingredientes exactos de cada una de ellas para ofrecer una radiografía en miniatura de la comunidad. Y para que el parecido sea todavía mayor, resulta que el municipio está dividido en tres núcleos de población que reproducen la sociología catalana. Nos lo explica Farré, ingeniero industrial especializado en informática, que actualmente es el único político profesional del pueblo entregado a la absorbente labor de alcalde.

“Los dos núcleos principales –explica Farré– están formados por Can Trias, un barrio colindante con Terrassa que comenzó siendo una zona para gente obrera de economía modesta y que ha ido subiendo de nivel, teniendo en cuenta los precios de la vivienda. Allí, el PSC gana por una mayoría muy amplia. Por el contrario, en el Casc Vell y las urbanizaciones colindantes, es CiU la que domina con claridad.”

Pero no acaban aquí las coincidencias. Fèlix Farré lleva cuatro mandatos como alcalde, y en el anterior gozaba de una mayoría absoluta que ha tenido que ceder ante el crecimiento de Esquerra, que le arrebató dos concejales. Resulta curioso, sin embargo, el énfasis que ponen todos los representantes en el Ayuntamiento en marcar diferencias entre la política local y la general: “Aquí, las relaciones personales tienen una importancia capital, y en los pactos cuenta más el trato personal que las estrategias políticas”, afirma el alcalde. Aunque a la vista de las fobias personales que vetean las relaciones entre los líderes políticos catalanes –basta pensar en las “excelentes” relaciones entre Mas y Maragall o entre Carod y Saura– no parece que ni siquiera en esto se deje de producir el efecto Peoria.

Un efecto que nos permitirá saber cómo va a discurrir la negociación por la presidencia de la Generalitat simplemente escuchando el relato que hace Francisco García, concejal del PSC, de sus intentos de pacto con ERC en busca de una mayoría de izquierda que las matemáticas permitían: “Cuando vimos los resultados, hice como Maragall, plantearle a ERC la posibilidad de una coalición de izquierdas. Así que en la primera negociación le ofrecí la primera tenencia de alcaldía y a ICV la segunda, con áreas para cada uno. Así nadie mandaría en nadie. Pero la negativa fue rotunda”.

García es funcionario municipal y vive desde hace pocos años en Can Trias, el núcleo “españolista” donde reside un 48% de la población de Viladecavalls. En la ciudad, el PSC consigue vencer en las elecciones europeas, las generales y las autonómicas, pero pierde por una mínima cantidad de votos en las municipales. “La segunda oferta que hicimos –prosigue García– fue que el PSC tuviese la alcaldía los dos primeros años, luego un año Esquerra y el último Iniciativa. Pero tampoco. Así que viendo que lo que parecía el escollo principal era que yo ocupase la alcaldía, les ofrecimos que eligiesen entre los primeros de nuestra lista el alcalde y el resto igual. Pero ni con ésas.” ¿No les resulta familiar la situación?

En la actualidad, los tres partidos de izquierda podrían presentar una moción de censura para ocupar la alcaldía. ¿Por qué no lo hacen? “No será por nosotros –asegura Francisco García–, pero yo creo que el problema de fondo es que Esquerra nos considera demasiado españolistas. Y aunque nunca me lo han dicho a la cara, sé que me consideran un charnego, a pesar de que utilizo el catalán sin problemas. Esto no ha sido argumentado políticamente, claro, pero me consta que es el problema de fondo.” ¿Y qué tal son sus relaciones con ICV? “Ellos consideran, me lo han dicho así, que les segamos la hierba bajo los pies, pero resulta evidente que tienen un problema de espacio político. El mismo que tiene CiU con ERC.”

Joan Olivares trabaja en una entidad bancaria y es el único concejal de ICV. Está convencido de que la Generalitat la ocupará el tripartito de izquierdas, “aunque, para ello, Joan Saura tenga que hacer el sacrificio de ser el futuro president, a la vista de la imposibilidad de que se pongan de acuerdo republicanos y socialistas”, dice medio en broma medio en serio.

¿Y en Viladecavalls, qué pasó? “Bueno, las izquierdas no llegamos a un acuerdo, ya que no queríamos, ni nosotros ni Esquerra, que la victoria la capitalizase el PSC.”

Glòria Ullès, la única concejal de ERC, es ama de casa y vive en el Casc Vell, e insiste como todos sus colegas en el Consistorio en que en la política local las relaciones personales resultan vitales, y que el pacto con los socialistas no fue posible “por falta de ‘feeling’”.

“Nosotros –prosigue– nos mostramos abiertos a hablar con todos, pero ERC acababa de emerger en la política municipal y nos pareció muy prematuro comenzar a pactar antes de ver las dinámicas de cada grupo. Además, veníamos de un gobierno de concentración al que se había llegado tras el atentado de ETA, por lo que vivimos una falta de oposición total. En la Generalitat yo estaré de acuerdo con la decisión que tome la ejecutiva, pero creo que sería bueno un gobierno de concentración para logar unos puntos muy concretos. Si no, no nos espanta pasar a la oposición.”

No lo dice Ullès, pero el gobierno de concentración del que habla estaría formado por todos, menos el PP. ¿Cómo se vive en un pueblo pequeño esta exclusión programática en la que parecen de acuerdo casi todos los partidos? “Mal”, asegura Miquel Castilla, un joven comercial que tenía 22 años cuando hace un par ETA asesinó al concejal Francisco Cano y nadie de los que estaban en su lista se atrevió a ocupar su lugar. Todo el mundo de su entorno le dijo que estaba loco por aceptar este puesto, pero él asegura no tener miedo. “No quiero que un grupo que no respeta ni la vida pueda cohibir nuestro derecho a la libertad. Por eso, cuando hablan de formar una coalición de todos menos el PP, me parecen unos fascistas, que es el insulto que nos dirigen a nosotros.”

Castilla apuesta por un pacto entre convergentes y socialistas en la Generalitat. Y recuerda que lo que menos le gustó de la resaca electoral fue ver a Carod diciendo que lo que más ilusión le había hecho era la llamada de Ibarretxe. “Ya hemos sufrido un atentado de ETA y no queremos ahora uno de Maulets. Y que conste que Glòria me parece encantadora y nos llevamos muy bien.”

Las negociaciones que empiezan mañana aclararán si lo que ha sucedido en Viladecavalls refleja al resto del país o no es más que una curiosa casualidad.

La Vanguardia 23 de noviembre de 2003

 

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