Los expertos debaten acerca del futuro y la utilidad de los «weblogs» en Internet

DARÍO PESCADOR

Los pros y contras de los sitios personales centraron la discusión en un encuentro que sirvió para subrayar la eficacia periodística de las nuevas tecnologías

MADRID. Los monjes de finales del siglo XV debían de estar horrorizados. Merced a una máquina diabólica, legos, herejes e infieles podían fabricar copias de cualquier libro. Las sagradas escrituras -y otras escrituras menos sagradas- llegarían directamente al pueblo. Había que impedirlo o el fin del mundo estaba próximo. Y, en efecto, el mundo se acabó; al menos tal y como se conocía hasta entonces.

Casi medio milenio más tarde, la información fluye por los medios de comunicación de masas. Pero también ahora, gracias al invento de Internet, millones de personas pueden publicar lo que les plazca fuera del alcance de las grandes empresas. Esta información silvestre está creciendo en volumen, diversidad y, lo que es más importante, calidad. Los periodistas, en primera fila, barruntan grandes cambios, y algunos de ellos creen necesario hablar del asunto. Tanto es así que se reúnen desde hace cinco años en el Congreso Nacional de Periodismo Digital que se celebra en Huesca, poniendo la palabra «digital» como excusa para retomar la misma conversación: lo que Internet está haciendo con la profesión y con el negocio de vender información.

Páginas gratuitas con sello personal

La palabra clave de este año es «weblog»: una página web personal o colectiva que se puede publicar de forma casi gratuita, y se actualiza desde cualquier conexión a Internet. Se calcula que hay entre dos y cinco millones de estas páginas en el mundo. El periodista y «blogger» Ignacio Escolar recordaba oportunamente la cita del magnate de la prensa William Randolph Hearst: «La libertad de prensa es para quien tiene una», precisamente para ponerla en duda en estos días en los que abundan boletines electrónicos confidenciales y cualquiera, armado con un teléfono móvil con cámara, puede enviar y publicar en Internet imágenes de una guerra, una manifestación o un mal tropiezo de una persona pública.

La temática y calidad de los «weblogs» es impredecible. Hay páginas con anodinas lamentaciones de quinceañeros enamorados y horribles fotos de vacaciones, bodas y banquetes. En el otro extremo, conocidos periodistas, escritores, analistas, científicos e intelectuales mantienen su «weblog», a menudo al margen de sus ocupaciones habituales y sin cobrar por ello.

Además, los «weblogs» (o «blogs», para abreviar) son interactivos. Los lectores pueden añadir sus opiniones bajo cada una de las noticias para que todo el mundo las lea. Un «weblog» de calidad atrae lectores especializados, que a su vez aumentan la precisión de sus contenidos. La información se depura a sí misma.

« ¿Cómo es que cuando leo una noticia en el periódico sobre algo de lo que entiendo siempre contiene errores?». El escritor y humorista Dave Barry respondía a esta pregunta en su columna con una larga e hilarante explicación que comenzaba con «Esto requiere un complicado trabajo de equipo».

Los medios de comunicación de masas se quedan cortos en la especialización. Según el periodista José Cervera, «los medios son como la ropa prêt-à-porter, que sienta bien y tiene buen precio; los «weblogs» son como un traje de sastre a medida». Pero entre tantos millones... ¿cómo separar el grano de la paja? Pues, asómbrense, de eso se encargan las máquinas. En los «weblogs» es común enlazar y comentar lo que publican otros «blogs» o medios de comunicación. A mayor número de comentarios, mayor es la relevancia de la noticia. Índices automáticos como Blogdex, Daypop o Blogalia proporcionan listados de las publicaciones más comentadas en cada momento.

En Huesca, la conversación sobre el futuro de los medios se desarrolla entre el entusiasmo y el escepticismo. Entusiasmo, por ejemplo, por las nuevas posibilidades de los móviles, que según anunciaron, pueden suministrar en el teléfono diminutos vídeos de una rueda de prensa de Rajoy o del gol más reciente, por el módico precio de un euro más el coste del tráfico de datos. Escepticismo de los que se preguntan si alguien pagará por esos servicios (especialmente el primero). Preocupación por la insuficiente formación de los periodistas para enfrentarse a este escenario multimedia. Repetidos vaticinios de que en el futuro la información será libre y gratuita. Y desconfianza de quienes piensan que el periodista como mediador es imprescindible, y que su sueldo no corre peligro.

Equilibrio información-negocio

«Alguien tendrá que pagar: el anunciante o el lector», comentaba Gumersindo Lafuente, director de ElMundo.es, diario que desde hace unos días publica un «weblog», mientras que el director de El País, Jesús Ceberio aprovechaba la ocasión para anunciar que algunas de las secciones de pago de ElPais.es dejan de serlo.

Éste de la información debe ser el único negocio en el que una cuestión tan fundamental como el dinero admite tanta ambigüedad. Pero es que, antes de nada, hay que informar. Utilizando la jerga al uso, en una sociedad de la información, con una economía de la atención, lo importante es que te lean. Y si además ganas dinero, mejor.

Que se lo digan si no a los millones de «bloggers» que escriben por amor al arte, o por amor propio, hasta altas horas de la madrugada. Como reconocieron varios asistentes, eso de publicar «da cierto gustirrinín».

ABC, 21 de enero de 2004

 

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