Deutsche Bank vuelve al banquillo por el caso Mannesmann
IG Metall, implicado en el mayor escándalo económico de Alemania

El presidente de Deutsche Bank, Josef Ackermann, y el ex jefe de IG Metall, el sindicato más poderoso de Europa, Klaus Zwickel, entre otros altos responsables empresariales de Alemania, se sentarán el miércoles en el banquillo en Düsseldorf acusados de percibir primas ilegales por el caso Mannesman.

MARC BASSETS - 19/01/2004
Corresponsal Berlín

“Veo un problema de imagen para Alemania, para Deutsche Bank y para mí, en este orden”, decía recientemente Josef Ackermann, presidente de Deutsche Bank, el primer banco alemán. El banquero suizo es, junto a cinco otros antiguos directivos y representantes sindicales de Mannesmann, uno de los acusados en el juicio que comenzará el próximo miércoles en la Audiencia de Düsseldorf.

El “proceso más espectacular de la historia económica alemana”, como lo llamaba ayer el diario conservador “Die Welt”, es algo más que un juicio. Si no hay ningún acuerdo de última hora entre las partes, sentará en el banquillo durante seis meses a dos de los máximos exponentes de la economía y las finanzas alemanas y al ex líder del sindicato más poderoso de Europa.

La fiscalía acusa a Josef Ackermann y a Klaus Zwickel, ex presidente del sindicato metalúrgico IG-Metall, de autorizar el pago de primas ilegales de unos 56,7 millones de euros a los ejecutivos de la empresa alemana de telecomunicaciones Mannesmann, tras la compra de la compañía por parte de la multinacional británica Vodafone. Klaus Esser, ex presidente de Mannesmann, también está entre los acusados, que se exponen a penas de hasta diez años de cárcel por estafa, al realizar esta operación a espaldas de los accionistas.

Ni Ackermann ni Zwickel están acusados de embolsarse dinero, sino de dar el visto bueno al pago de las primas en tanto que miembros del consejo de vigilancia de Mannesmann. La OPA de Vodafone sobre Mannesmann es uno de los episodios más agitados de la reciente historia empresarial alemana. Después de resistirse a ceder esta “joya” de la industria alemana –esfuerzo en el que colaboró el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder–, de repente Esser cambió de opinión y el consejo de vigilancia ratificó el acuerdo final.

Tanto Schröder como la oposición conservadora han advertido de los peligros que para Alemania podría suponer una sentencia condenatoria para los implicados en el caso. Entre otros motivos, porque excesivos controles en el pago de primas –práctica habitual en el mundo anglosajón– podrían ahuyentar a los mejores directivos.

Pero el juicio también puede ser un lastre para Deutsche Bank, precisamente ahora que comienza a recuperarse de la crisis que acechó hace un año a la banca alemana y que se plantea la posibilidad de fusionarse con otra gran entidad. Ackermann ya se ha habilitado un despacho en Düsseldorf y ha contratado a un abogado estrella: Eberhard Kempf, quien cuenta en su currículo con la defensa de miembros de la organización terrorista RAF, la Fracción Armada del Ejército Rojo.

 

La Vanguardia, 19 de enero de 2004

 

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