Caso Parmalat: lecciones iniciales
Dirección financiera, supervisión y auditoría, en el ojo del huracán

Aún no se sabe a cuánto asciende el quebranto resultante de la crisis de Parmalat, pero difícilmente bajará de los 10.000 millones de euros. En cualquier caso, el escándalo denota un alarmante vacío en el campo de la supervisión, que se extiende a los terrenos de la dirección financiera de las empresas y de las auditorías

Mercados financieros globales exigen organismos y mecanismos reguladores globales

Juan María Hernández Puértolas - 18/01/2004

Ya ha transcurrido más de un mes desde que estalló el escándalo Parmalat, pero harán falta mucho más, quizás incluso años, para que se desentrañe el gigantesco fraude perpetrado en el consorcio alimentario italiano fundado por Calisto Tanzi. Sin embargo, algunas lecciones ya pueden extraerse en estos momentos.

En primer lugar, atención con los directores financieros “creativos”. Es obvio que Fausto Tonna, que ocupaba esa posición en Parmalat, es uno de los principales responsables de las falsificaciones contables, abusos financieros y otros desmanes cometidos en la firma de Parma, pero es asimismo evidente que contó, si no con la colaboración, sí al menos con una alarmante ceguera por parte de sus interlocutores naturales, las entidades financieras.

En este sentido, sorprende que Cesare Geronzi, presidente del banco italiano con mayor riesgo en Parmalat –Capitalia–, se confiese “absolutamente tranquilo” sobre las relaciones de su entidad con la sociedad siniestrada, especialmente si se tiene en cuenta que Tanzi formaba parte del consejo de administración de Capitalia hasta el año pasado.

En segundo lugar, parece mentira que un grupo de países que ha llegado al alto grado de cooperación monetaria que implica la adopción de la divisa única no se haya dotado de mecanismos de supervisión en un mundo tan globalizado como el financiero. Alan Greenspan y la Fed pueden intervenir en Estados Unidos para yugular crisis similares, pero Jean–Claude Trichet y el Banco Central Europeo (BCE) ven circunscrita su misión a la fijación de los tipos de interés.

Por último, el sector de la auditoría necesita criterios, normas de actuación y mecanismos de supervisión asimismo globales, por no hablar de la auténtica “contradictio in terminis” que supone competir para auditar las cuentas de las empresas y emitir unos informes que acrediten fehacientemente que dichas cuentas reflejen fielmente la realidad patrimonial de esas firmas. Los famosos “muros chinos” son realmente cuentos chinos.

La Vanguardia – Dinero 18 de enero de 2004

 

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