Clesa intenta sin éxito reunir a los vocales italianos de Parmalat en un consejo extraordinario


La láctea española, que reafirma su solvencia, permanece sin comunicación con la matriz

CRISIS DE UNA GRAN EMPRESA. Las repercusiones en España

Clesa, filial de Parmalat, está sufriendo la onda expansiva de la crisis de su matriz sin ni siquiera poder contactar con la sede de la multinacional italiana. El presidente de Clesa, Arturo Gil, intentó ayer, sin éxito, celebrar un consejo extraordinario. Mientras tanto, los tiburones del sector se preparan para engullir a la compañía.

El sector lácteo, en pleno proceso de concentración, se prepara para comprar Clesa aprovechando la crisis de Parmalat

ENCARNA PÉREZ - 24/12/2003

MADRID. – La compañía láctea española Clesa remitió ayer un comunicado en el que afirma que goza de personalidad jurídica independiente y autonomía financiera respecto a la sociedad italiana Parlamat, “cuya única vinculación consiste en que es titular de las acciones de Clesa”. Lo cierto es que la dirección de Clesa está intentando contactar con su matriz italiana para comprender el alcance de la crisis y en qué medida puede afectar ésta a la sociedad española. Los intentos de los españoles han sido inútiles hasta el momento. Ayer, el presidente de Clesa, Arturo Gil, intentó reunir un consejo de administración extraordinario, que no pudo celebrarse por la incomparecencia de los tres consejeros italianos.

Durantes los últimos días, la dirección de Clesa se ha mantenido en contacto casi diario con sus acreedores, tanto proveedores como entidades financieras, a los que ha pedido tranquilidad y comprensión con el difícil momento en que está viviendo. Pedimos que “mantengan los mismos niveles de confianza que tuvieron con Clesa, con independencia de su actual vinculación accionarial a Parmalat”, reza el comunicado oficial.

Fuentes de la compañía consultadas por este diario han negado que algunos acreedores financieros hayan solicitado garantías adicionales, como la hipoteca de algunos activos. Por el contrario, aseguran que todos sus activos industriales tienen una “solvencia real” y están libres de cargas hipotecarias. “Son activos afectos a la actividad, al igual que la deuda bancaria, que tiene unos niveles bajos respecto a la media del sector y a sus recursos propios”, señalan estas fuentes, que no facilitan datos al respecto.

Por otro lado, el grupo insiste que “está cumpliendo con todos sus compromisos” y que arbitrará “las medidas necesarias al objeto de garantizar la continuidad de los negocios y la salvaguarda de los puestos de trabajo”. El grupo Clesa cuenta con una plantilla de 1.100 empleados y siete centros o factorías distribuidas por toda España.

Respecto a la solvencia y capacidad de generar beneficios, Clesa se remite a sus cuentas anuales y avanza “un significativo incremento de sus resultados” en el ejercicio en curso. En concreto, espera casi duplicar su beneficio después de impuestos, que en el 2002 fue 2,3 millones de euros, gracias a los beneficios fiscales de la amortización de determinados activos adquiridos recientemente. Espera, asimismo, repetir la cifra de facturación, que el año pasado alcanzó los 245 millones de euros y cerrar con una cifra similar su resultado de explotación (7,87 millones).

La crisis de Parmalat y sus posibles efectos sobre Clesa podrían ser aprovechados por la competencia para intentar adquirir al grupo lácteo español, según se comenta en medios del sector. La industria láctea ha sufrido un importante proceso de concentración en los últimos años, con la fusión de compañías españolas (Ebro - Puleva), o el desembarco de compañías extranjeras, como la propio Parmalat que en 1998 adquirió Clesa a las familias Pérez Andujar y Gil, o la estadounidense Dean Foods.

Precisamente, una de las candidatas a crecer en España es Dean Foods, que, al igual que Parmalat, no ha hecho ninguna otra adquisición en nuestro país desde que se hizo con el control de Celta en 1999.

La Vanguardia 24 de diciembre de 2003

 

VOLVER A LA PÁGINA DEL CASO PARMALAT