El Gobierno italiano aprueba un decreto urgente para salvar Parmalat
El ministro de Industria dice que la medida intenta mantener el empleo

LA CRISIS DE UNA GRAN EMPRESA

Dos años después de que Estados Unidos aportara el escándalo Enron a la historia de las manipulaciones contables, Italia trata de salvar su primer grupo alimentario, Parmalat, cuyos responsables siguen sin encontrar 9.000 millones. El Gobierno aprobó un decreto para facilitar la gestión del grupo y evitar su quiebra.

El Ejecutivo de Berlusconi quiere evitar a toda costa una venta troceada del primer grupo agroalimentario del país

LA VANGUARDIA - 24/12/2003

BARCELONA. (Redacción y agencias.) – El Gobierno italiano que preside Silvio Berlusconi aprobó ayer un decreto destinado a facilitar la gestión de las grandes empresas amenazadas de quiebra, una figura legislativa creada y pensada para hacer frente al escándalo Parmalat, que cuenta con una plantilla de 36.000 trabajadores –un 10% en Italia–, un endeudamiento superior a 6.000 millones de euros, una facturación anual de 7.000 millones y cuyos responsables no encuentran ni rastro de 9.000 millones de euros.

“El gabinete ha aprobado un decreto ley para reestructurar empresas grandes que afrontan la quiebra”, explicó a la prensa el ministro de Industria, Antonio Marzano. El decreto, que el Parlamento debe ratificar en sesenta días, se aplicará únicamente a empresas con más de un millar de empleados y un endeudamiento superior a 1.000 millones de euros. “Son medidas urgentes para la reestructuración industrial de grandes empresas en situación de insolvencia”, subrayó el titular de Industria. Marzano explicó que una vez que la empresa solicite oficialmente un expediente de suspensión de pagos para protegerse de sus acreedores –Parmalat lo hizo ayer– y colocarse en situación de “administración extraordinaria”, el Gobierno podrá nombrar un “comisario” para empezar la reestructuración “rápido, muy rápido”. “El objetivo de esta ley no consiste en salvaguardar a los accionistas o a los directivos, sino en salvaguardar el empleo y la integridad y la naturaleza italiana de la firma”, concluyó Antonio Marzano.

Con la misma rapidez, el Gobierno ya ha designado a Enrico Bondi, de 69 años, un especialista en reestructuraciones de empresas en crisis, que, tras entrevistarse con el ministro de Industria el lunes por la noche, ya dispone de “poderes especiales” para elaborar un plan industrial que garantice el futuro de Parmalat. La segunda decisión del Gobierno Berlusconi fue una petición a la Comisión Europea para que autorice ayudas financieras excepcionales para los 5.000 productores de leche italianos contratados por Parmalat “y que no han cobrado desde hace 140 días, por lo que afrontan problemas de liquidez y deben endeudarse para mantener su actividad”, según el sindicato Confagricultura.

Mientras el Gobierno italiano se centra en evitar un colapso agroalimentario que tendría funestas consecuencias sociolaborales, la prensa y los llamados expertos se centran en que se trata del peor escándalo contable europeo, por encima del de la cadena de supermercados holandesa Royal Ahold NV, que en febrero reconoció haber inflado sus beneficios durante tres años (1.000 millones de euros).

“Claramente, se ha producido un fracaso en el sistema”, opina Umberto Mosetti, profesor de Dirección de Empresas en la Universidad de Siena: “Siempre que se produce un Enron (en referencia a la bancarrota de la primera eléctrica estadounidense que manipuló sus cuentas y el mercado eléctrico de su país), siempre que hay un Parmalat, el fallo es sistémico”, subraya en declaraciones a la agencia Bloomberg. Con Parmalat, Europa ya tiene su caso Enron, en el que responsables empresariales falsean y destruyen informaciones contables.

En cualquier caso, la rápida intervención del Gobierno italiano se explica por su intención de evitar a toda costa una venta a trozos del primer grupo agroalimentario del país (especialmente después de que otra sociedad del sector, Cirio Finanziaria, tuviese que solicitar protección de sus acreedores el pasado agosto).

Además, en los últimos años, se ha instalado en Italia un clima de declive industrial marcado por la venta a cargo de Montedison de sus divisiones agroalimentaria y química, de la red internacional de Telecom Italia y de algunas actividades del grupo Fiat.

La historia del octavo grupo industrial italiano se aceleró hace unas semanas, cuando Parmalat parecía incapaz de cumplir con sus obligaciones de pago, y se complicó definitivamente la semana pasada cuando el Bank of America negó que existiesen 3.900 millones de euros en una filial de la sociedad en crisis en las Islas Caimán. El viernes pasado, el tercer banco más importante de Estados Unidos rechazó
como falso un documento que acreditaba que la filial de Parmalat en las Caimán, Bonlat Financing Corporation, disponía de 3.950 millones de euros en efectivo y acciones.

Semejante escándalo despliega varios frentes informativos. Ayer, fuentes de las fiscalías que investigan el caso cifraban el agujero contable en 7.000 millones de euros porque los anteriores responsables de Parmalat aparentemente no recompraron bonos del grupo por valor de 2.900 millones de euros como aseguraron en sus balances y cuentas de resultados. Otras fuentes, aseguran que, al final, el agujero estará cerca de los 10.000 millones.

De acuerdo con la legislación vigente, Bondi y los nuevos administradores de Parmalat contarán con dos años de respiro en lo que respecta a sus acreedores, a quienes el grupo que compra un 8% de toda la leche italiana debe algo más de 6.000 millones de euros. Por otra parte, en Milán los fiscales avanzan en sus pesquisas sobre el presunto fraude contable. Diversas fuentes aseguran que el fundador de Parmalat, Calisto Tanzi, está siendo investigado sólo una semana después de abandonar su puesto al frente del grupo. Los fiscales también investigan a dos ex directores financieros de la empresa, Alberto Ferraris y Luciano del Soldato, por su posible participación en fraude contable y manipulación de mercado.

Para acabar de complicar la situación, el tercer banco norteamericano más importante, el Bank of America, presentó en los tribunales de Milán una demanda contra Parmalat por falsificación de un documento privado con la intención de certificar que disponía de casi 4.000 millones en efectivo en su filial Bonlat de las Islas Caimán. Además, Bank of America colaboró con Parmalat para formar un grupo de inversores dispuestos a comprar un 18% de una filial brasileña, operación que fracasó la pasada semana. Hace apenas un mes, el grupo Parmalat tenía una capitalización bursátil de 1.800 millones de euros pero después de desplomarse más de un 90% desde el comienzo de la crisis, ya no tienen prácticamente ningún valor y ayer se suspendió su cotización. Por otro lado, los bonos emitidos por el grupo cotizan a un 20% de su valor nominal.

 VOLVER A LA PÁGINA DEL CASO PARMALAT