Portugal, tan cerca y tan lejos...
Los empresarios portugueses ven a los españoles como invasores de su economía

El Corte Inglés se ha convertido en el símbolo de la presencia española en Lisboa

Mariano Guindal - 15/02/2004

Los empresarios portugueses tienen miedo a los españoles. Creen que se está produciendo una auténtica invasión de su economía, al tiempo que España tiene todo tipo de barreras para permitirle competir en el mercado español. Este sentimiento se ha agudizado en los últimos años a causa de la fuerte crisis económica que atraviesa el país luso y que contrasta con el fortalecimiento de la economía española. El “antiespañolismo” quedó reflejado hace un año en el llamado “manifiesto de los 40”, en el que los principales empresarios portugueses hacían un llamamiento al Gobierno de José Manuel Durao Barroso para que hiciera una política dirigida a conservar los centros de decisión de las empresas estratégicas en su país.

Por otra parte, los empresarios españoles desde hace unos años se han lanzado a la conquista del mercado portugués, “en muchos casos sin ningún tipo de sensibilidad, hiriendo susceptibilidades y sin tener en cuenta los equilibrios que existen en una economía como la española que es cuatro veces más grande”, afirma Manuel Lopes, decano de los corresponsales portugueses en España y un gran conocedor de ambos países.

En la misma línea, el que fue presidente de Uralita y que actualmente preside la portuguesa Tintes Robbialac, Manuel Masnou, afirma que “parece mentira que Portugal estando tan cerca a veces nos resulte tan lejos para el mundo de los negocios. Para mí la primera sorpresa cuando llegué a esta empresa fue el elevado management que existe en Portugal. Uno se da cuenta también de que la historia reciente nos ha mantenido de espaldas a dos países que somos muy complementarios, y que una mayor cooperación ofrece mejores oportunidades que aún están sin explotar”.

De hecho, la principal barrera para intensificar las relaciones comerciales ha sido el complejo de inferioridad de unos y la prepotencia de otros. Una situación que han empezado a cambiar las empresas. Todos los analistas coinciden en que a pesar de los recelos, el hecho de que ambos países estén en la Unión Europea ha facilitado que al final se haya impuesto la economía de mercado y que las únicas reglas que hayan prevalecido sean las que emanan de la competitividad.

Los hechos hablan por sí solos. La penetración de España en el mercado portugués es muy fuerte en el terreno bancario, en el que Emilio Botín se ha convertido en el principal banquero privado tras la compra del Totta&Açores donde invirtió más de 300 millones de euros.

El Popular también se ha posicionado tras la compra del Banco Nacional de Crédito (BCNP) al llamado “rey del corcho”. Américo Amorim, que se ha convertido en uno de los principales accionistas privados del banco que presiden los hermanos Valls, con el 4,5% del capital. El BBVA actúa con su propia marca, y su presidente, Francisco González, ha dejado claro su intención de posicionarse mejor. Banc Sabadell ha llegado a un intercambio accionarial con el BCP, presidido por el empresario portugués Jorge Jardim Gonçalves, por el que éste se hace con el 5,3% del banco catalán y éste a su vez con el 10% del luso. El principal banco público portugués, Caixa Geral de Depósitos, compró tres pequeños bancos fusionándolos e intentó incrementar sin éxito su presencia con el Atlántico.

En el sector energético, EDP ha logrado hacerse con el control de Hidrocantábrico y la distribuidora de gas vasca Naturcorp. Iberdrola ha intercambiado su participación en Galp por dos distribuidoras de gas.

El símbolo de la distribución es El Corte Inglés, que ha abierto un centro en Lisboa y prevé otro en Oporto. Sin olvidar a Zara y Cortefiel. En turismo, Meliá, NH, Halcón y Air Europa, que tiene un acuerdo con Portugalia.

Belmiro Azevedo fusionó Tafisa con Sonae Industria y creó una multinacional de tableros de madera. Aunque probablemente el sector con mayor pujanza ha sido la construcción, en cuyos concursos participan todas las grandes españolas. Sacyr ha comprado Somague, que también tiene un intercambio accionarial. Si bien el modelo más eficaz ha sido el de Telefónica con Portugal Telecom para su expansión conjunta en la telefonía móvil en Brasil. Una alianza con intercambio accionarial entre ambas que contempla un “pacto de no agresión” entre las dos operadoras.

La Vanguardia – Dinero – 15 de febrero de 2004

 

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