Samsung rechaza ayudas para mantener 446 empleos y decide irse a Eslovaquia

BARCELONA, JOAN CARLES VALERO

La Generalitat apela a la «inteligencia comercial» de las dos multinacionales para que atiendan a su responsabilidad social en el cierre y no disgusten a los consumidores

La dirección de Samsung en España comunicó ayer al comité de su planta de Palau (Barcelona) que el próximo 31 de marzo cerrará la fábrica, lo que supone la pérdida de unos 700 empleos (446 puestos de trabajo fijos y, el resto, temporales). La medida, lejos obedecer a problemas financieros, se debe a la concentración en Eslovaquia de todas las actividades europeas de la multinacional coreana, y afecta también a otra fábrica en el Reino Unido. Hasta tal punto la decisión es firme, que el grupo ha rechazado las ayudas que le ha ofrecido la Generalitat para que continúe en Cataluña.

Se trata de un caso similar al de Philips, que la semana pasada anunció el cierre de su planta de luminarias en La Garriga (Barcelona) para potenciar una factoría polaca. Un portavoz de Samsung aseguró a ABC que sus previsiones indican que a partir de 2005 los actuales beneficios de la filial española podrían convertirse en pérdidas. La compañía justificaba la deslocalización «para mantener la posición entre los líderes mundiales del sector».

La electrónica de consumo atraviesa un delicado momento por el vertiginoso desarrollo tecnológico, que acorta la vida comercial de los productos y sus precios de venta. El presidente de la patronal electrónica Aniel, Jesús Banegas, atribuye los cierres de Philips y Samsung a criterios de racionalidad y señala que no deben provocar alarmismo.

La planta española de Samsung se dedica principalmente al ensamblaje de equipos audiovisuales destinados en su mayoría a la exportación, mientras que la producción de telefonía móvil se trasladará a China. La multinacional coreana mantendrá, sin embargo, la estructura comercial en España. El consejero de Trabajo e Industria de la Generalitat, Josep María Rañé, reveló ayer que Samsung ha rechazado las ayudas que la administración catalana le ha ofrecido para impedir el cierre. Desde 1993, el grupo oriental ha recibido de la Generalitat 3,48 millones de euros para contribuir a su implantación en Cataluña, fondos a los que deberían sumarse los percibidos a través de otros organismos, como el Instituto Catalán del Suelo. Rañé señaló que estas ayudas «nunca fueron condicionadas» a la permanencia del grupo en España, por lo que la administración no puede exigir su devolución. La firma de Seúl declinó recientemente una subvención de I+D, lo que, a juicio del consejero catalán, resulta indiciario de que la decisión estaba adoptada.

El boicot, último recurso

Rañé matizó que medidas extremas como el boicot de los productos de Philips que propuso hace unos días «deben reservarse en el caso de que las empresas no asuman la responsabilidad social de sus decisiones» que pasa, a su juicio, por una salida no traumática. En este sentido, el consejero, que antes fue dirigente de UGT, apeló a «la inteligencia comercial» de las empresas para evitar disgustar a sus consumidores. Rañé comentó a título personal que se afeita con maquinillas de la marca Wilkinson desde que Gillette realizó «un mal cierre en Sevilla».

Este caso ha coincidido con la primera reunión de los líderes sindicales catalanes con Pasqual Maragall, quien se comprometió a liderar un cambio en el modelo productivo para evitar las deslocalizaciones, y con una visita a Barcelona del secretario general del PP, Mariano Rajoy, que restó importancia a lo que considera «un acontecimiento puntual».

ABC, 16 de enero de 2004

 

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