Sueños en la red
TIm Bwerners-Lee
repasa la creación de la World Wide Web y sus perspectivas de futuro
Netscape intuyó que la red
beneficiaría más a una compañía de servicios que a una de software
Para el futuro, espera que los ordenadores logren gran capacidad de análisis de los contenidos de la red
Justo Barranco - 04/07/2004
Yo le decía a la gente que la Web era como una economía de mercado. En una
economía de mercado, cualquiera puede negociar con cualquiera, y no tienen que
ir a una plaza de mercado para hacerlo. Lo que necesitan, sin embargo, son unas
cuantas reglas con las que todo el mundo tiene que estar de acuerdo, como la
moneda que se vaya a utilizar para el negocio y las reglas del comercio justo”.
Así relata Tim Berners-Lee,
el padre de la World Wide Web, los inicios de la red a través de la que
mayoritariamente utilizamos Internet en la actualidad.
Berners-Lee, que hace dos años fue galardonado con el
Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, ha sido
premiado ahora con el primer Millennium Technology Prize, una distinción
que, otorgada por Finlandia, pretende ser el Nobel de
tecnología. El motivo del nuevo premio es que la World Wide Web ha aumentado
significativamente para mucha gente la capacidad de obtener información central
para sus vidas y “está estimulando nuevos tipos de redes sociales, apoyando la
democracia, y abriendo caminos para la gestión de información y el desarrollo
de los negocios”.
El informático, nacido en Londres en 1955, explica la gestación de la www y sus posibilidades de futuro en el libro Tejiendo la
red. Y la historia no deja de ser sorprendente, puesto que las raíces de esa
red se encuentran en su trabajo en el CERN, el Laboratorio Europeo de Física de
Partículas, situado en Ginebra. Ya antes había una idea que le obsesionaba: las
conexiones. “Desde un punto de vista extremo, el mundo puede considerarse como
sólo un conjunto de conexiones, nada más. Consideramos un diccionario como un
depósito de significados, pero define palabras sólo en términos de otras
palabras (...) Lo que importa está en las conexiones. No está en las letras,
está en el modo en que se juntan para formar palabras. No está en las palabras,
está en el modo que se juntan para formar frases”, escribe.
Y Berners-Lee en el CERN unió dos tecnologías que ya
existían: Internet –una infraestructura de comunicaciones– y el hipertexto –la
posibilidad de acceder a una página a través de otra con un clic sobre alguno
de sus iconos o palabras–, para dar lugar a la World Wide Web que hoy conocemos
y a través de la cual compramos, jugamos o nos informamos. Una red en la que
unas páginas nos permiten llegar a muchas otras y en la que el sistema está
descentralizado. Cualquiera puede empezar a usarlo desde cualquier lugar sin
pedir permiso a otro.
Desde el principio hubo una preocupación porque la www
llegara a todo el mundo y Berners-Lee consiguió que
el CERN accediera a permitir el uso del protocolo y el código web gratuitamente. Los usuarios se multiplicaron exponencialmente
y empezaron a aparecer diferentes navegadores y servidores. El informático
logró crear un organismo de consenso para hacer funcionar la Web
universalmente: el Massachussets Institute of Technology y el CERN fundaron
el Consorcio World Wide Web. Pero los acontecimientos se precipitaron: las
empresas vieron su potencial y Netscape lanzó al día
siguiente de la primera reunión del consorcio su navegador. Microsoft estaba
desarrollando uno y Netscape se adelantó ofreciendo
el suyo de forma gratuita para vender luego otros productos a través de él.
Intuían que en la Web era más beneficioso ser una compañía de servicios que una
de software. Sería el modelo que seguirían otras compañías de programas: sacar
una versión gratuita que los consumidores mejoraban con sugerencias, y ganar
dinero con anuncios o servicios.
Microsoft intentó comprar Netscape y convertirlo en
el navegador de Windows, las negociaciones no cuajaron y se desató una guerra
que acabaría con la supremacía del navegador Explorer, incorporado a su
sistema. De hecho, Berners-Lee ha luchado frente a la
amenaza de esa integración vertical entre las compañías de hardware, software y
de transmisión, y las que proporcionan contenidos en la red.
Su lucha no es baladí: su sueño es que todo el mundo pueda utilizar la red para
crear, y que los ordenadores alcancen una gran capacidad analítica sobre todos
los datos que hay en ella: una Web semántica que no sabe aún si será un paraíso
o una pesadilla. En todo caso, recuerda que un sueño ya ha comenzado, el de las
conexiones. “La posibilidad de que un grupo pueda avanzar depende de crear la
conexión adecuada entre la gente”. Y eso parte de diseñar una www que fomente la interacción entre la gente, que las
conexiones que establezcan unos queden para los otros, aumentando la
creatividad como si hubiera un cerebro intuitivo global. “La esperanza en la
vida procede de las interconexiones entre todas las personas del mundo”,
concluye. Que avancemos no significa que nos estemos volviendo cada vez más
listos, sólo que estamos mejor conectados.
La Vanguardia, 4 de julio de 2004
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