Tàpies, hazlo (Forum)
CONTEMPLAMOS
con escepticismo un invento con tanto lacito multicultural como afán de lucro
QUIM
MONZÓ - 31/12/2003
El sábado, Joan Casellas publicaba en las páginas asalmonadas de este diario un
artículo despampanante –“Tàpies, no lo hagas”– en el que pedía a Antoni Tàpies
que no pinte el mural que el Fòrum le ha encargado, un mural “que tendrá que
ser el equivalente simbólico del ‘Gernika’ para los vascos”. Joan Casellas se
queja de “la banalidad desaprensiva de esta comparación”, porque “nos
encontramos ante una situación antagonista”. Casellas –miembro de la Asamblea
de Resistencias al Fòrum– clama contra ese tinglado, que “bajo la fina piel de
un debate social ‘de diseño’ disimula, más que esconde, un gran número de
intereses de especulación local y transnacional...”.
Meterse con el Fòrum no es cosa fácil y eso lo sabemos todos los que, desde el
momento en que las autoridades anunciaron su celebración, contemplamos con
escepticismo un invento con tanto lacito multicultural como afán de lucro y, en
consecuencia, creímos que lo más sano era burlarse de él. Hará cosa de año o
año y medio, la presión contra los discordantes llegó a ser descarada. Era la
época en la que hasta los miembros del Comitè de Savis –¡ah, el Comitè de
Savis!– dimitían al ver en vivo y en directo el cariz que iba tomando el
asunto. Más de un intelectual orgánico –de órganos contrapuestos, incluso, pero
siempre afectos a algún poder– llegó a pedir que, a los que ironizábamos sobre
el Fòrum en medios de comunicación públicos, se nos hiciese callar la boca. (No
me extrañaría, por cierto, que algunos de los que entonces pedían aquello sean
de los que ahora piden al nuevo president que esos mismos medios públicos sean
independientes del Govern.) Sea como fuere, han pasado meses y años y en la
calle el Fòrum continúa despertando un desinterés similar.
Y ahí es donde de repente aparecen en escena Tàpies y el artículo de Casellas
del pasado sábado, justo al lado de la noticia de la creación de la Asamblea de
Resistencias al Fòrum. Casellas es lo que se suele denominar un artista
multidisciplinario: acciones, happenings... Por su relación con el arte conceptual
que floreció en Catalunya en los años setenta es evidente que conoce la
relación que Tàpies tuvo con ese movimiento y que sabe que no fue precisamente
feliz. En su artículo, Casellas pide al maestro que, tras años de no mojarse,
se moje finalmente; que él –que “siempre ha flaqueado en lo que podríamos decir
la ‘calle’ artística”– aproveche la “ocasión conceptual” que se le presenta y
se niegue a pintar el mural que el Fòrum le ha encargado.
La propuesta de Casellas está cargada de munición. Porque si Tàpies accede a la
solicitud y se niega a pintar el mural, estará, con lo inaudito de ese gesto,
poniendo en cuestión buena parte de su propia trayectoria artística y social.
¿Vale la pena, por un heroico acto de rebeldía, evidenciar brechas en la
intocabilidad de toda una carrera a favor del “arte moderno y progresista”?
Creo que no. ¿Cómo no va a ser Tàpies quien pinte el mural del Fòrum? ¡Sería
tan absurdo como que el catering inaugural lo encargasen a otro que no fuese
Ferran Adrià! Precisamente, el mural del Fòrum ha de suponer la culminación
genial de la obra de Tàpies, y unirá, en el firmamento estelar, dos recorridos
–el del artista y el del evento– que, sin ningún tipo de duda, nacieron para
encontrarse felizmente el uno con el otro.
La Vanguardia 31 de diciembre de 2003